sábado, 11 de enero de 2014

Sierra del Gavilán – Caravaca de la Cruz.

Sierra del Gavilán – Caravaca de la Cruz.

El destino me ha llevado hoy por segunda vez a visitar esta sierra, haciendo senderismo, y montaña por las cercanías del mismo. Digo el destino porque esta mañana no iba ni a salir a andar, pero después de hacer unas cosas, a eso de las 10:00 me animé a dar una vuelta, tampoco iba a ser hoy el día elegido para visitar de nuevo el Gavilán pero al final así fue. 

En los días antes de Navidad subí por primera vez a este cerro, no puse la ruta aquí porque hice un recorrido poco recomendable en la bajada. Me pasó que salí tarde, se me hizo un poco tarde arriba también y me atreví a bajar por otro lugar algo más directo, con más pendiente y saliéndome del camino marcado que después os cuento, pensando que ahorraría tiempo, error. 

Con resultado de una bajada si que más directa, en cuanto a recta, pero bastante mala en cuanto al desnivel, y pasos para bajar. Grave error que me pudo costar un disgusto sin conocer la zona, por los distintos cortados que hay y demás inconvenientes.


La mañana se presento gris, del mismo color del que hace poco me describieron, de manera incierta, como “una persona gris”, lo cual no soy. No hay sol a la vista, aunque sé, como contaban en un cuento de una película que recientemente vi, “Incondicional”, que el sol siempre está tras ellas y termina saliendo de nuevo. Las nubes nos tapan temporalmente su visión, pero él siempre está allí detrás y termina por volver a salir. Al igual que en la vida, que a veces las circunstancia nos tapan la vista del mañana por diversas razones, pero al final todo pasa y volvemos a ver la luz al fondo, o sino, como dice el refrán “ni hay mal que cien años dure, ni cuerpo que lo aguante”.

Las fotos son de ambos días, las más soleadas del primero y las que se ve más nublado del segundo.



La ruta pensada fue subir al Gavilán que tiene unos 1499 metros. Después de manejar en la cabeza el recorrido del PR-MU 19 Pinar Negro – Gavilán, el cual tiene buena parte del recorrido peinando las crines de estas sierras, decidí que podría ir viendo el terreno por si en un futuro me atrevía a hacer el recorrido completo. La otra entrada o salida del recorrido, que está por el barranco del Culebrón, también la conozco. Esta parte no, así que me animé a aprovechar ese recorrido propuesto en el PR para subir este monte, ver el entorno y parte del recorrido, desde este pico. 

Comencé el paseo desde la zona del cortijo de Bollarín, o Bollain como dice el cartel, por la cueva Valero, donde hay un pequeño hueco para aparcar, cerca de la entrada del mismo. Para llegar allí fui por la carretera de Mayrena que lleva a las Fuentes, y desde allí hacia el Llano, continuando hasta el final de este y en el cruce de caminos de las Asperillas, donde se bifurca el camino en dos, seguí por el camino de la derecha, el de asfalto, hasta llegar al lugar indicado y desde allí empezar mi paseo.


Una vez dejado el coche, donde empecé ambos días el recorrido, seguí hacia delante por una pista forestal bastante amplia, en donde se mezclan los tramos de tierra y de cemento en alguna cuesta. Al poco tiempo, se ve un camino que sale a la izquierda con una señal que indica la continuidad del PR del Gavilán, el cual se toma. También se puede ver que hay otra segunda señal que indica otro recorrido hacia la Rambla de Bejar, el cual obvié.
 

Las cuestas son continuas, aunque ligeras al principio comparado con lo que después se encuentra. Sirven de un buen calentamiento para la subida posterior. El lugar es muy bonito, todo rodeado de grandes y verdes pinos, un paseo estupendo.

Las vistas hacia atrás conforme se va subiendo por la pista son estupendas, me parece ver a lo lejos el pico del Buitre, por parecer distinguir en él las antenas que arriba tiene.




Hasta el inicio de la senda para subir al Gavilán hay unos 3’5 Km de pista y otro 1’5 de senda en la subida. Lo que suma en la ida unos 5 Km y con otros tantos de vuelta, dejan el paseo cerca de unos 10 Km en total, aunque en las piernas parecen bastantes más. 

El comienzo de la pequeña senda que conduce a la cumbre está algo escondido y si no se está atento te la puedes pasar fácilmente. Se encuentra cuando se termina de subir un repecho en el camino y hay una curva a la izquierda que nos dejara ver por primera vez desde allí la zona de la sierra de Mojantes. Pues justo antes de dicha curva si se mira entre los pinos a nuestra izquierda se puede ver el cartel indicador del PR clavado en uno de ellos.




A partir de aquí toca subir monte, las señales en un principio están claras y hay muchas cada muy pocos metros, además de que la senda es bastante visible y aunque estrecha pero es fácil de recorrer. 



Casi todo el camino está perfectamente señalizado hasta casi el final de la subida donde hay una zona de más rocas, las que hay que atravesar, para continuar subiendo y llegar arriba. Como digo en ese tramo no vi ninguna marca, son solo unos pocos metros y enseguida, buscando y observando un poco, se vuelven a encontrar las pintadas amarillas. Es conveniente en ese lugar, sobre todo para la vuelta, fijarnos bien por donde hemos subido, para encontrar sin dificultad la senda de regreso y bajar sin problemas. Hay pintura en el suelo y rocas, señalización de postes de madera, y carteles de metal clavados en el suelo, también montones de piedras indicando algunos pasos. 

Una vez más dar las gracias desde el blog a todos aquellos que se preocupan en mantener esa señalización repintada y cuidada, para que muchos podamos disfrutar de estos paseos. Aunque a veces las inclemencias del tiempo hagan que algunas marcas se pierdan, y la continuidad del camino haga que me vuelva algo loco en algunos tramos.


Las vistas durante la subida son impresionantes, se puede ver todo Mojantes, incluso más a la derecha la zona de Revolcadores, que el primer día que subí se veía nevada como se puede ver en las fotos y video.


Realmente en la subida hace falta pararse para tomar aire antes de continuar, y con estas vistas es un verdadero placer hacerlo. Sentarse en una roca, para mientras se respira aire puro, se recompone el cuerpo, y se da un sorbo de agua contemplando tan maravilloso paisaje, en la tranquilidad y silencio del lugar, da vida.

Y pasito a pasito siguiendo el camino se consigue completar la subida entre abundantes romeros, otros arbustos propios del lugar, y grandes árboles de gruesa corteza.




Después de terminar de subir, avanzar un poco más sobre el recorrido y ver los alrededores más cercanos, me senté de nuevo para almorzar la fruta que me había llevado mientras contemplaba ese magnifico mar de nubes al fondo, que tanta ilusión me hizo encontrarme como complemento extra y regalo adicional al paseo.




Tal como antes mencionaba, no tenia muy claro la salida a pasear esa jornada, porque la mañana se presentaba algo fea en cuanto a que el cielo estaba muy cubierto, y los montes cercanos también, lo que sin saberlo de antemano me dio un premio, el de poder ver en vivo y en directo mi primer mar de nubes. 


Todas las nubes que desde la ciudad parecían ocultar los montes cercanos, una vez a lo lejos y desde ese lugar se quedaron a mis pies, dejando en el horizonte un precioso mar de nubes, en el mismo sitio donde el primer día encontré también otro bonito paisaje, algo más soleado y con unas nubes formando bellas figuras en el cielo. 

De nuevo al contemplar este paisaje, en mi memoria vuelve hoy a revelarse, aquella tela de: Caspar David Friedrich, “El caminante sobre el mar de nubes". Lo dejo enlazado a Wikipedia para quien tenga interés. Una vez la referí en otra parte del blog, y hoy se ha convertido en una realidad para mí, sintiéndome como el protagonista dentro de esa bonita pintura.





Una vez recompuestas las fuerzas y despues de hacer unas cuantas fotos al paisaje, miré el reloj y aunque hubiera seguido algo más hacia delante, hacia una bajada que había indicada y que me resulto atractiva para seguir conociendo el lugar, preferí iniciar el camino de vuelta para ir con tiempo de sobra y tranquilidad. Así que con cierta pena me deje de nuevo el recorrido por las crestas del Pinar Negro para otra ocasión.





De nuevo fui buscando las señales que poco a poco me fueron conduciendo hacia la bajada, llegando a la parte de rocas que bien había memorizado para no extraviarme y después de conseguir bajarlas, enseguida encontré de nuevo las marcas que ya no dejé hasta completar el descenso. 

Así que una vez más no recomiendo salirse de las sendas marcadas sin conocer bien el lugar. El primer día además fui con deportivas, perdí la pequeña botella de agua que llevaba y terminé por agobiarme un poco al final. Siempre hay que prever donde se va a ir, ver algún mapa, buscar información del lugar, llevar ropa y calzado adecuado, agua suficiente y algo de comida, eso es básico, siempre lo digo y no solo yo, pero a veces se cometen imprudencias. Al monte tampoco se puede ir con prisas, hay que ir a disfrutarlo con tiempo suficiente.


La primera vez al final por querer ahorrar tiempo, tarde más todavía. En aquella bajada encontré con alguna roca curiosa, que en aquel momento se me asemejo más al perfil de algún demonio de aquel monte que a otra cosa. La vi al terminar de bajar por alguna rambla de las que el agua van grabando sobre el terreno por aquel lugar.



La pista se va viendo a lo lejos en la bajada, poco a poco me fui acercando a ella. Los ánimos se pusieron altos por haber completado el recorrido esta vez como quería, sin haber tenido problemas. Y contento por mi paseo y por todo lo que aún llevo clavado en mis retinas, así como las sensaciones vividas, vuelvo a tomar la pista de vuelta, recorriendo esos poco más de tres kilómetros que me separaran del final del paseo de hoy. Mirando hacia la derecha y contemplando donde había estado hacia un pequeño rato.


El segundo día fui con botas y ropa adecuada, así como con suficiente agua, algo de fruta, una buena dosis de optimismo, tranquilidad y algo de conocer la zona mejor, lo cual hizo que esta vez disfrutara mucho más del paseo y del lugar.

Lo de decidir visitar de nuevo el lugar fue porque la primera vez no me quede conforme, quería más, quería volver a ese monte que me la jugo en la vuelta, para demostrarme, supongo, que podía hacerlo bien esta vez, haciendo el recorrido de ida y vuelta por el lugar recomendado.



Hoy de nuevo dejo una poesía que me ha gustado, como obsequio para quien llegue leyendo hasta el final.

Vicente Gaos
Hay un reguero dulce y encendido...


"Hay un reguero dulce y encendido 
de sol sobre los álamos dorados.
Y a lo lejos, los montes ya nevados
encalman el paisaje atardecido,

si ahora tuviera el corazón dormido,

los ríos de la sangre no encrespados,
y ojos para mirar enamorados
los chopos dónde aún tiembla el sol huido...
 

Si ahora como esa luna ser pudiera 
que boga virginal, tan lentamente,
tan alma pura en el azul, si fuera 

un álamo, una luna, un dios luciente,
más sólo soy un hombre en la ladera,
un hombre sólo apasionadamente."