sábado, 13 de abril de 2013

Embalse del Argos y Pantano del Cenajo - Calasparra.

Últimamente el tiempo por las cercanías de Caravaca ha sido una lotería, un día llueve de manera torrencial y al día siguiente lo hace claro con un fuerte sol, otro día nublos y al siguiente día viento desagradable.

En las últimas semanas ha estado lloviendo por estos lugares de manera regular y abundante, al igual que por el resto de España. Lo que ha llevado a los pantanos y embalses cercanos a tener bastante agua. 



Por lo que hemos pensando que era el momento oportuno de visitarlos, yendo a dar una vuelta por dos de ellos. El embalse del Argos y el pantano del Cenajo, ambos en las cercanías de Calasparra. 

Los dos son paseos cortitos, donde más que a andar hemos ido a disfrutar viendo las cuantiosas aguas que las lluvias han dejado en estas tierras, consiguiendo llenar bastante dichos pantanos, algo menguados en agua desde hace años. Y trayéndonos el recuerdo de unas bonitas fotos. 

Embalse del Argos:

El primero en visitar fue el embalse del Argos, al que accedimos por la carretera entre Caravaca y Calasparra, el desvío se encuentra tras terminar una recta a continuación de una gasolinera, en plena curva al terminar dicha recta sale el camino a nuestra derecha. A unos 17 Km. desde Caravaca. A continuación de tomar el desvío vamos viendo las señales que nos indican donde está la presa, que se encuentra solo a un par de kilómetros más.


Conforme llegamos lo primero que nos encontramos es una amplia zona con asientos en piedra donde simplemente sentarse y empezar a disfrutar de toda el agua que nos llena la vista. Pero resistiendo la tentación lo dejamos para cuando regresamos, donde nos comimos la naranja contemplando todo aquello antes de irnos.



Tuvimos suerte con el día como mencionaba antes refiriéndome al tiempo, hoy hizo bueno, aunque el viento nos molesto un poco, pero a cambio tuvimos suerte al ver como el aire rizaba la superficie del agua generalmente tranquila por aquí. Provocando junto al sol unos preciosos paisajes.



Al fondo se pueden ver las marmolerías, excavaciones en los montes dejando al descubierto sus blancas entrañas visibles desde lejos. Viniendo hacia aquí por la carretera hemos pasado por debajo de ellas hace un rato.


Amplias zonas para los aficionados a la pesca se ven al lado del camino por donde íbamos andando, sin duda un buen sitio para disfrutar tranquilamente de un día al aire libre, relajándose. Aunque yo prefiero venir a pasear…

La primavera se percibe, viendo multitud de flores de todos los colores brotando por las cercanías. Zona de paso de aves migratorias también, donde dependiendo de la época del año podemos encontrarnos, si somos sigilosos, con algunas de ellas descansando sobre el agua.


En la tierra húmeda todavía por las recientes lluvias pudimos observar diferentes huellas de pezuñas, cabras, jabalíes y de algunos animales más. 
Hay muchos caminos cercanos al agua, por donde se puede ir bordeándola, encontrando muy cerca de ella rincones bonitos donde pararse unos minutos a contemplar el entorno.


Un poco más adelante nos encontramos con una segunda presa donde pudimos observar como se estaba soltando agua.


Donde hay agua disfruto, el mar, embalses, ríos, saltos, cascadas, donde la encuentro me cautiva, aparece ante mí haciendo magia, relajándome, hipnotizándome. Su sonido, color, el reflejo del entorno en su superficie, el aire moldeándola, su vaivén continuo, su olor, su frescor, agradable y útil contra el calor, el agua, que bello elemento, símbolo de vida y necesidad eterna para ella.

Pantano del Cenajo:
Y si el primer día disfrutamos viendo agua, el segundo día no sabría como describirlo…
Se dice que una imagen vale más que mil palabras y estar bajo esta gran presa, viendo salir los dos chorros de agua a presión, con un sonido atronador, el agua iluminada por el sol haciendo un arco iris con las gotas que necesariamente por la presión tienen que salir despedidas, empapando el lugar. Remolinos de las mismas gotas que el viento trae y te moja la cara, son las que el sol se encarga de convertir al iluminarlas en un arco iris delante de nuestros ojos bajo el cielo azul. 


Llegamos hasta aquí desde Calasparra, en dirección al Santuario de la Virgen de la Esperanza. Justo antes de llegar allí, en la última rotonda de la carretera hay una señal indicando hacia el pantano. El tramo de carretera después son unos 18 Km. más o menos, que se hacen un poco pesados porque es algo estrecha y con muchas curvas, donde incluso te puedes encontrar con algún camión y no poder pasar los dos a la vez. Vemos a la llegada una empresa de agua mineral embotellada de donde salían dichos camiones. 




Todos hemos oído en las noticias que ha sido el marzo de este 2013, el más lluvioso desde el año 46. Las lluvias han provocado la inundación con algunos destrozos de la parte baja del paseo pegado al río en el Santuario de la Esperanza, lugar cercano por donde no hace tanto estuvimos de visita, haciendo un buen recorrido por el lugar.




Gracias a esas abundantes lluvias hoy aquí podemos disfrutar de este espectáculo, provocado por la suelta de agua sobrante, saliendo por las bocas de desagüe. 






Dejando el coche en la entrada al recinto, hicimos unos recorridos por la zona viendo cada rincón desde todas sus perspectivas, arriba, abajo y laterales. Subimos por un camino asfaltado hasta la parte arriba de la presa, pasando por un largo túnel iluminado, de los que a mi personalmente me encantan, y siempre dejo constancia cuando paso por alguno, sobre todo de este tipo donde se puede ver perfectamente como se ha escavado el interior de la montaña dejando a la vista su profundas entrañas, sin que lo hayan tapado con cemento. Las vistas de los montes cercanos son estupendas también conforme se va subiendo.





Y que decir de lo que podemos ver arriba, aunque nada comparable con verlo en directo, me ha costado mucho trabajo seleccionar las fotos que iba a poner en el blog, ya que hice tantas, y todas me parecen tan bonitas que me resulta difícil excluir algunas. Pero pienso que he dejado una buena selección de ellas con las que poder imaginarse lo que había allí.



El lugar es verdaderamente una joya, sinceramente precioso. Cada rincón que vimos nos encantó, los paisajes son un lujo para detenerte a mirarlos, los cuales no te cansas de observar mientras oyes la música del agua de fondo. Por cierto que todo está absolutamente muy bien cuidado sin un papel en el suelo, a pesar de los muchos visitantes que estábamos.


No queríamos irnos, quedamos impresionados y disfrutamos de lo que vimos a cada minuto, además aunque volvamos ya no encontraremos lo que hoy hemos visto, la tirada y salida de agua hace bastantes años que no se veía por aquí de esta manera tan intensa, y quien sabe cuando volveremos a verlo.





Mirando al agua nos despedimos de ella, quizás nos recuerde la próxima vez que nos veamos, ella quizás seguirá camino hacia el mar, y nosotros dentro de poco iremos al mar a verla, ya queda poco para encontrarnos con ella de nuevo, el verano ya está cerca y hay ganas de disfrutarlo, hasta pronto… 




Hay sendas por donde separarte unos metros de los caminos asfaltados pero que enseguida nos devuelven al camino, visitando así algún rincón mas escondido con también encanto especial. Y pudiendo observar de esa manera todo el entorno desde todos sus puntos como antes comentaba.





Tiene una zona de merenderos a la que sin duda volveremos en breve antes de que empiece el calor fuerte, amparada por grandes árboles, que proporcionan buenas zonas de sombra, además de la humedad que supone estar al lado del cauce del agua, ambas cosas que consiguen crear un ambiente ideal para pasar un buen día en contacto con la naturaleza.



Aquí os pongo también un bonito video.

 

Hoy no dejo las rutas con Endomondo, ya que son recorridos por estas dos zonas sin mucho orden, fuimos sobre la marcha yendo de aquí para allá viéndolo todo.


A cambio dejo un poema:
Diez poemas del mar.

5
“Pero cuando amanece
en la playa larga y solitaria,
cuando el sol comienza a acariciar
las dunas y las olas,
cuando las gaviotas y los peces
saludan jubilosos el despertar de la mañana,

entonces el mar, mi mar,
me habla de emociones contenidas
mientras mis pasos presurosos
interrumpen el cristal claro de las aguas
en las orillas de la playa.
 
Entonces me hago de sueños
y dejo acunar los sentimientos dormidos
en cada paso, en cada huella
de aguas y de arenas. Entonces
mi canto es un canto de peces y gaviotas,
de barcos que faenan a lo lejos,
de bancos de sardinas o jureles
que buscan su amor desesperado.
 
Y mis pasos, que el agua borra
pero que guarda la arena dorada,
son versos de esperanza
que voy lanzando a los vientos,
al agua, a las olas, a las gaviotas...
a todo lo que añoro y lo que amo.”

Luís E. Prieto.