sábado, 12 de enero de 2013

Moratalla – cercanías ermita Casa Cristo.

Hoy hemos dado un pequeño paseo, casi de reconocimiento de la zona por las cercanías de Moratalla, en concreto cerca de la ermita de la Casa Cristo. Del Noroeste de Murcia nos faltaba Moratalla, sin andar ningún día sobre alguno de sus parajes.


Nos hemos traslado hasta la ermita de la Casa Cristo que dista de Moratalla unos 6 ó 7 Km. en dirección hacia el Campo de San Juan, por una carretera asfaltada aunque de montaña y con bastantes curvas.

Es una ermita comenzada a construir durante los siglos XVI - XVII, posteriormente restaurada y ampliada. Que cuenta con unos edificios contiguos donde a día de hoy se encuentran: el museo Centro Regional de Arte Rupestre, albergue, restaurante y patios. 

Nada más llegar, en lo primero que nos fijamos fue en un mirador con unas impresionantes vistas hacia Moratalla y buena parte de la Comarca, donde obligatoriamente, antes de nada, tuvimos que sentarnos unos minutos sobre un pequeño muro para contemplar aquel paisaje tan encantador, que a primeras horas de la mañana estaba mucho más despejado de nubes que después, dejándonos así contemplar el cielo azul.




El paseo, que fue casi más visita del lugar que paseo, lo comenzamos en esa explanada cogiendo una pista forestal situada a nuestra espalda, por donde andamos unos 5 Km. para volver después por el mismo lugar. Así que como se suele decir solo hicimos 5 pa’ya y otros 5 pa’ca, llegando a un par de mojones o pivotes de piedra que habían, uno a cada lado del camino, y donde dimos media vuelta. 




Al poco tiempo de comenzar el paseo hay una senda que sale a la izquierda desde la pista sobre la que íbamos andando, y por donde se puede subir hacia el Pico del Fraile, pero esa ruta la dejamos para otro día.



El camino que escogimos sabemos que podríamos haberlo seguido durante algunos kilómetros más, llegando hasta Moratalla, a la carretera que lleva hacia el camping de La Puerta, pero ese otro paseo también lo dejamos para otro día, ya que teníamos el auto arriba y, dar toda la vuelta para subir después de nuevo, nos pareció mucho aquel día.




 

Hay detalles bonitos en el paseo como el pequeño puente de la foto, que quizás pertenecía a algún antiguo camino, o paso en el lugar. 

Alguna pared de roca muy chula también, y alguna zona rocosa donde imaginamos que por dentro de alguna cueva oculta, habrían  tesoros pintados en sus paredes, como los que vimos en el centro de arte rupestre que visitamos.

O algunas montañas lejanas que no se porque, pero que a alguien les recordó las montañas de los dibujos de Heidy…



El día comenzó soleado pero poco a poco fuimos notando mas fresco, gracias al aire que nos daba en la umbría de los cerros cercanos al camino, el cual además de ser molesto, nos hizo tener la sensación térmica de más frío. Pero a cambio, también trajo nubes que hicieron junto al sol, preciosos contrastes de colores y sombras en el paisaje, de los cuales disfrutamos mientras avanzábamos por el serpenteante y prácticamente llano camino.




Nos fijamos en un árbol joven, comparado con sus vecinos, al que pensamos dedicarle unas líneas aquí, está algo solitario y agarrado con fuerza sobre prácticamente la roca, al filo de una ladera o precipicio, vigilante del valle, tranquilo, expectante y contemplando de por vida ese magnifico paisaje que tiene delante, y desde donde nunca nadie debería poder quitarle ni estropearle su preciosa visión.



Al igual que una frase que leí recientemente que decía algo como que “un gorrión no está triste por estar solo, hasta canta mas fuerte cuando lo está”, a este árbol al estar separado de los demás, aunque no es tan grande, ni tan fuerte como sus compañeros, se le veía más majestuoso en su balcón particular. A veces se necesita estar solo para que se pueda ver nuestro brillo, como una estrella lejana que nos cuesta ver cuando tiene tantas brillantes a su alrededor.

A veces pienso que si nos fijáramos más en el árbol pequeño y viéramos su belleza, conseguiríamos ser mejores personas,  y cito un párrafo de la autora del libro que al final comento: “¿Dónde se encuentra la belleza? ¿En las grandes cosas que, como las demás, están condenadas a morir, o bien en las pequeñas que, sin pretensiones, saben engastar en el instante una gema de infinitud?”



El aire, como decía, fue el elemento predominante del día, nos daba la sensación a veces de que había algún animal o personas cerca, debido al ruido que hacía el aire entre los pinos, grandes pinos con grandes piñas, con troncos antiguos y de un grosor considerable.
 
En  algunos de ellos cercanos al camino estuvieron haciendo clareo para aumentar la distancia de cortafuegos propia de la pista forestal, y que con verdadera lastima vimos cortados en los laterales del camino. Pero comprendiendo que gracias a la perdida de unos pocos se podrían salvar miles de ellos en otro hipotético desastre.

Digo otro desastre ya que hace años, en  el verano de 1994 si no recuerdo mal, hubo en estas tierras un verdadera catástrofe, un incendio que se recuerda, y se recordara durante muchos años por la gravedad que tuvo, arraso millones de árboles y vegetación, siendo uno de los más grandes producidos en España.

 Así que con lastima vimos la resina brillando con los rayos del sol, sobre la madera serrada recientemente, pero sabiendo que era un mal menor para prevenir otro mayor, y que el sacrificio de unos pocos podría salvar muchos.




Y hasta este punto llegamos, donde se seguían viendo inmensas pinadas en todas direcciones, desde las laderas cercanas como a lo lejos. Algunas de ellas todavía jóvenes por la desgracia antes comentada. Y otras que se salvaron de árboles más grandes.



Cerca de algún recodo del camino vimos una casa o cortijo, y estuvimos contemplando las vistas que quien viviera, o hubiese vivido allí podía disfrutar cada día al levantarse, aunque también pensamos lo duro que debía de ser para personas como nosotros que estamos acostumbrados a tener las comodidades actuales, dar un cambio radical e irte una temporada a una casa así.

¡Que los tomates no nacen en las estanterías del súper! Ni las vacas saben llenar el tetrabrick, y después cerrarlo para ponértelo en el frigo. He dicho frigo, ¿qué será eso?, sino habrá ni luz, ¿te animas a pasar un mes así? Pobres de nosotros si tuviéramos que hacerlo. Cuanto nos costaría acostumbrarnos. Aunque quien sabe, quizás nos gustaría tanto que no volveríamos. Un buen corral con animalicos, junto a un trocico de huerta podría ser la solución a nuestras penas y tormentos económicos, que como mi abuelo decía el dinero es el camino del infierno.



Del romero dicen que el que va al monte y no coge una ramita, ni ha estado enamorado ni piensa estarlo. Bueno, y si cogerlo no, pero... ¿Quien no ha acariciado una rama cerrando la mano, para que se le impregne de su aceite aromático y a continuación olerlo? 


En la explanada, ya de vuelta, estuvimos dando un pequeño recorrido viendo además del mirador, unas mesas de merenderos hechas de piedra, parrillas para hacer barbacoas, y una explanada donde sin duda en cualquier época del año, merece la pena pasar un rato agradable contemplando el lugar y sus vistas.




Desgraciadamente no pudimos entrar a visitar la Ermita por dentro, ya que ese día por alguna razón estuvo cerrada mientras estuvimos allí, ni el Cristo que da nombre a la misma y que es el patrón de Moratalla. 

Lo que si pudimos visitar fue el Centro de Arte Rupestre, los jardines, y el restaurante, con unos ventanales hacia el maravilloso paisaje, donde terminamos la mañana con una cervecita fresca.




Antes de acabar, quiero aprovechar para hacerle un pequeño homenaje a un animalito al cual últimamente ando algo ligado.

El verano pasado durante un paseo nocturno por las Fuentes del Marques en Caravaca, tuvimos la gran suerte, ya que son difíciles de ver, de que un erizo pasara por delante de nosotros, percatándonos así de su presencia. La noche era oscura, sin luna, y de no haber sido porque iba mirando al suelo, para no tropezar, en el momento en el que se cruzo por delante, no lo hubiéramos visto.
En un principio no sabíamos si era un gato, una rata, o lo que era, pero enseguida al fijarnos en su forma de actuar lo supimos.

Intentamos ir detrás de él, pero cuando noto nuestra presencia al acercarnos para hacerle una foto se camuflo, haciéndose una bola y enseñándonos sus púas, así que no pudimos verle la carita, como no queríamos molestarlo después de la foto retrocedimos dejándolo seguir su rumbo.


Decía que ando algo ligado a este animal porque una persona, precisamente la misma con la que iba paseando esa noche, hace poco me dijo algo que después tuve que pedirle que me explicara, ya que me dejo un poco intranquilo.

Lo que me dijo, entre varias personas que estábamos, fue que yo “tenia la elegancia del erizo”. Bien y aquí viene la explicación que me dio: una persona que tiene la elegancia del erizo es aquella que  “por fuera está cubierta de púas, una verdadera fortaleza, pero intuyo que, por dentro, tiene el mismo refinamiento sencillo de los erizos, que son animalillos falsamente indolentes, tremendamente solitarios y terriblemente elegantes”.

Luego también me aclaro que me lo decía porque me parecía, en esa definición del libro que estaba leyendo, a una de las personajes. Se trata del libro: “La elegancia del erizo” de Muriel Barbery.

Yo, halagado por el supuesto piropo le di las gracias, aunque todavía no me quede muy tranquilo hasta que después de ver la película, leer el libro, y repasar algunos fragmentos en ambos, comprendo el porqué me lo decía, y si que le doy la razón en lo que me dijo, quizás tengo algo de erizo.

Y también, a veces, busco por todos estos lugares por donde me gusta andar:
 “La Belleza en este Mundo”. 


La sinopsis os la dejo enlazada a Wikipedia por si alguien siente curiosidad…